Salud y reconexión. Final.
Para mi estimado capitán, con un fuerte agradecimiento.
En este último aporte de la serie Tiempo y vida, en la que he presentado diferentes herramientas para lo que llamo “reconectar con nuestra humanidad”, me acerco a un tema igual de importante que los anteriores, pero distinto en el sentido de su alcance, pues se refiere -en esencia- al individuo y no al grupo social: la salud física y mental. ¿Lo charlamos en mil palabras?
En los nueve artículos precedentes planteé cómo podríamos ver al mundo de una manera crítica, desde una visión más “filosófica”. Por favor, que nadie piense que propongo la fórmula o doy instrucciones. Simplemente he tocado temas que me parecen trascendentes en este proceso de reconexión: uso del tiempo, la percepción sobre la realidad y la verdad, nuestras cosmogonías, el cambio, la forma en que comprendemos la diferencia, la innovación y los procesos disruptivos, el uso del silencio, y una idea para leer el futuro. Con mis sesgos, desde mi experiencia personal, pero con ánimo de compartir.
Aventuré también lo que llamo tres formas de conexión con nuestra humanidad: social, ambiental, y personal (física, espiritual). Dada mi (de)formación profesional, me extendí sobre las dos primeras y dejé la última, que no es mi especialidad y sinceramente, desdeñé durante años hasta ahora, que la percibo como central: ¿cómo estar bien con los demás si no estás bien contigo mismo? Es un tema complejo porque en general pensamos que estamos bien, y que son los demás quienes están mal. Esto incluye nuestra salud, comportamientos, y relación social y con el medio: es un mecanismo normal de defensa de nuestro YO. La introspección y cuestionamiento personal andan escasas.
Sabemos que hay indicadores para evidenciarlo. A nivel macro, por ejemplo, hay datos del nivel de violencia, educativo, económico o de deforestación, existen análisis de cambios en la temperatura, o porcentajes de diabetes u obesidad en la población; a nivel personal, podemos medir el estrés, la colitis, las adicciones, la violencia en casa, etc., pero es frecuente que tomemos lo que nos conviene para sentirnos mejor, y por otro lado, hay datos que desconocemos: ¿cómo medir la felicidad, la sustentabilidad de nuestros actos, nuestro nivel de empatía vecinal, o grado de conexión con nuestra humanidad? Lo único que puedo asegurar es que no existe árbol sano en bosque enfermo: ¿cómo andas tú por ahí dentro?
Cada uno hace su régimen alimenticio, tiene su filosofía, religión y forma de comunicación, pero, ¿podríamos al menos coincidir en que todos podemos mejorar nuestras condiciones? Déjenme contar un caso: es la historia de un consultor de negocios que se sentía muy bien en su piel, a no ser por fuertes crisis de gastritis que se curaba con medicamentos alopáticos, eliminándolas temporalmente. En plena pandemia fue contratado por una empresa que se autodenominaba de “agricultura sintrópica” para ayudarles en procesos de comercialización.
Aportó lo que sabía de negocios y aprendió lo que pudo de sintropía. Se dio cuenta que ignoraba muchas cosas de la naturaleza y se encontró con el concepto de la “cooperación y amor incondicional” que, desde una mirada bastante técnica, no romántica-esotérica, explicaba que en la naturaleza existe una condición de apoyo mutuo entre los seres vivos para crear una red en la que se puedan desarrollar, pero cooperando, no compitiendo: algunas plantas, por ejemplo, aportan nitrógeno a otras, mientras éstas les dan carbono a cambio, y así en muchos niveles, generando espacios donde se puede reproducir la vida. Al mismo tiempo, la naturaleza hace su máximo esfuerzo para reproducirse con calidad y proteger a sus retoños, sacrificándose inclusive: el amor incondicional.
Lo anterior, que deberá explicarse con más detalle en un futuro, le hizo comprender que su gastritis podría ser controlada de forma natural y no con pastillas que no le curaban, sino que ocultaban el malestar: cambió de dieta, compró alimentos más naturales y comprendió que era parte de una red, no solo sociológica, sino ambiental, planetaria. Se puso a sembrar lechugas y de pronto, tocando la tierra y viendo sus semillas, se dio cuenta que aunque “él estaba bien”, se había ciertamente desconectado de los procesos de la naturaleza, pensando solo en su desarrollo personal.
Sin fanatismos, entendió la necesidad de un tipo de reconexión que he querido llevar al espacio social para generar debate, discusión y aprendizaje: desde esta óptica uno no puede “estar bien” si solo se mira a sí mismo y a su grupo cercano. Es bueno, pero es insuficiente, porque no está cooperando con la red. La empresa en cuestión, por ejemplo, estaba bien hacia adentro, pero hacia afuera, requería generar mayor cooperación y comunicación. Él estaba bien hacia afuera en su tarea de consultor, pero no hacia adentro, en su conexión física y mental con esta red.
Ahí es donde mi idea de tres formas de conexión se funde en una sola: “nuestra humanidad”. Tu salud física y mental es importante, crucial, pero no basta para hacer un aporte al mundo; no puedes ser un ecologista violentador de tu pareja; no puedes ser un consultor de negocios que no mira al medio ambiente. Somos una suma de acciones y de niveles de conexión. ¿Cómo llevar esta propuesta de reconexión al resto de los humanos? Iniciando por preguntarnos cuál es nuestro rol en la red: no eres arquitecto o abogado; eres un conector, un comunicador, un productor, un protector, etcétera. Tu rol va más allá de quién eres: es lo que aportas.
Finalizo: la empresa se llama Tierra del Sol y está en Oaxaca: ellos hacen su parte de nodo en esta conexión; ese consultor es un servidor y considero mi rol el de comunicar, de llevar esta semilla de pensamiento a donde pueda germinar.
Sirva este último párrafo para recordarnos que si no somos parte de la solución somos, en mucho, el problema. Ya no podemos quedarnos con el “Yo estoy bien y tú no me importas”, justamente ese es el centro del problema de la desconexión humana.
Próximamente te invitaré a visitar “Los Guardianes” que será, al mismo tiempo, espacio de reflexión y de práctica. Si te interesa, serás bienvenid@ ¡Hasta la siguiente serie!